Monday 29 june 2009 1 29 /06 /Jun /2009 23:32

¿Y si revienta el mundo ahora? ¿Y si revienta? Se desparrama por el no aire todo su dividido ser... Andá a juntarle los pedazos, nena. Andá a barrer el polvo que largaría si revienta.

 

 Llévenme a pasear, odio pasear, pero quiero hacerlo... Que sea otoño   después de un intenso verano. En coche, no auto, coche. En un remís. Mandame el Duna rojo que me voy de paseo, Marita. No importa si no tiene aire acondicionado, adonde voy no lo necesito y de donde vendré estaba templado.

 

Que me den la mano, eso sí. Quiero sentir antes lo que es tocar a un alguien. ¿Cómo se sentirá tocarme a mí? Tocarme otro. Amo la lluvia, pero por favor, que no llueva que me la acuerdo mejor. Cuando era un fastidio me gustaba, ahora que es una bendición me aburre un poco... Que me lleven alto. Lejos, pero por acá nomás... Que me lleven y me traigan varias veces, si salgo a pasear es porque no quiero volver, ¿no entienden?

 

Algo tejido en los hombros, me la banco. Algo viejo tejido por una vieja, que me acompaña, me surce, me hilvana. Horas cortas, mejor. Prometo estar calmo y sereno... Oír las voces, acá están, los oigo. Me llevan, me traen, me disipan y me llueven adentro. Larga la pasión, largo el olvido. Creo quedarme pero me estoy yendo...

 

Ver una mariposa naranja, común. Recordar el agua que no se siente. Recordar las veces, las tardes, las uvas, el viento de abajo... El miedo que no tengo, la fe que perdí, la explicación que no encuentro, el lagarto. Si todavía recuerdo el lagarto, no me lo dejen olvidar.

 

Las noches enteras... las mañanas que no. Quiero ver amanecer al revés. Amanecerme así. Sola.

 

Me disipo.

 

Me oculto.


Me ven, pero no estoy...

                                                                                                                       Encarnada Pasión

Por Encarnada Pasión
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Wednesday 20 may 2009 3 20 /05 /May /2009 02:26

Cuando la vida se te hace a un lado... mejor dejala pasar.

 

Si alguien le preguntaba ¿por qué?, ella contestaba: Porque sí. De seguro la respuesta era otra, pero ella prefería no pensar. Si pienso me pego un tiro.

No hay cosa más ingrata que ser travesti y vivir en Lanús. Y ella lo padecía aunque la llevaba bien dentro de todo.


Un vestido blanco bien satinado sin mangas, atado al cuello, atrás. Un aro solo, porque de chico se había hecho un solo agujero sino el padre la mataba. Collares, los que quieras. La boca roja, roja. El pelo como la Winehouse, no te podía tararear un tema de ella pero el peinado le encantaba. Una peluca toda enredada con tremendo hopo, eso sí, rubia, la Oreiro la había marcado en "El deseo" y una Marilyn todos llevamos dentro. Estaba hermosa, no parecía otra cosa que un travesti, para variar... ¡Qué lucha todas las mañanas! Ni les digo a la noche, pálida quedaba del esfuerzo, pero no había caso.


La porquería más liviana que le habían gritado era culo gordo, y pensar que eran los mismos agresores los que, abusando de una copa, le mordian cada noche el ego hasta hacerlo sangrar.


El amanecer nunca se le hizo amigo, había entre ellos un no se qué. Él la miraba con un dejo de arrogancia y ella lo mandaba a cagar. Las veces que la he oído llorar porque él no le habla o, lo que es peor, la ignora y la deja esperar.


De lejos Sofía, de cerca un Miró. Sufría la loca, no se la podía aguantar. Pero una noche cruzada lo decidió. Me subo al piano y a la mierda, dijo, y se lo creyó. Pero en Lanús andá a encontrar un piano lindo, de cola, como deber ser... como ella soñaba. Buscó y busco algo abierto a esa hora y con un piano. No había caso. Pero sin querer, en una cortada a la que todavía no le habían florecido las puntas, lo encontró. Luz de tubo, un espanto, las mesas eran pocas y las voluntades un bochorno. Almas en pena, borrachos de esos que parecen de cartón. Latía su corazón que daba miedo hasta que lo vio. Era un piano raro. La madera era clara, como de pino. La cola se la habían cortado como a un dóberman, nada que ver con el de la Pfeiffer en "Los Backer Boys", este era más bien un piano travesti, como ella. Lo miró desafiante, tomo aire y avanzó entre la gente. Cuando lo tuvo cerca frenó, el piano le llevaba como dos cabezas, lo recorrió con la mirada y cuando le rozó el final, se le trepó. No fue fácil, la gente empezó a mirar, no sabía si entrarle primero con la rodilla y después con el culo o al revés. En la duda perdió la elegancia por completo, pero se subió. Como si estuviera ensayada armó la pose de un tirón, se acomodó la pollera y se dio cuenta que se había olvidado la pista. ¿Ahora qué voy a cantar?, pensó y se le notó en el seño. Un silencio espantoso, un lamento de show. Pero siempre en destino nos arrima un varón, el mozo dejó la bandeja, se acercó al taburete, levantó la tapa del teclado y se dispuso a tocar. Ella chocha. Hace peso para este lado, que si te desbalanceas, te vas a la mierda con piano y todo, le dijo él. Ella le creyó y cantó, aparte de mal, nerviosa. El mozo que no era pianista, el puto que no era cantante, la luz de tubo que parpadeaba y los borrachos que no entendían se cruzaron en un bar de Lanús. Todos hicieron al show.

 

Ella hizo lo que pudo y no fue mucho, pero terminó. Un ratito de fama, de gloria, de garbo no le vino mal. Se bajó del piano y se mandó a mudar calladita. Salió del bar que sacaba chispas. Algo le gritaron un par pero ella, que estaba hecha, se fue... como quien se desangra al andar.

Por Encarnada Pasión
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Monday 18 may 2009 1 18 /05 /May /2009 16:09

 

 Me olvidé. De todo, me olvidé. Habrá que ir recordando, pensé. Pero costaba bastante, sobretodo llevar el hilo. ¿Qué era primero? ¿Qué venía después?

Con el correr del tiempo me fui acordando de algunas cosas. Me acordé de lo que era acostumbrarse. Y me acostumbré a no acordarme.

Otras de las cosas que recordé, o eso creía, era mi gusto por las novelas. Las novelas televisivas. Sin saberlo caminaba por la calle y como llevada por un imán, me paraba frente a cualquier vidriera que expusiera televisores y me quedaba mirando. Si es que daban una novela, sino seguía.

Estaba furiosa por la oleada de telenovelas extranjeras. Novelas brasileras, novelas mexicanas… esas no me gustaban. Yo quería ver a Romano. ¡Cómo me calentaba! Me sentía entre sus brazos a cada beso de que daba y denigrada a cada insulto suyo.

Cecilia Marezca también era de mis favoritas y extrañaba mucho a Olga Zubarri. Eso sí, la recordaba con todo y en colores haciendo con Bebán “El precio del poder”. Aldo Barbero, los malos. Los buenos. Los malos que se volvían buenos. Lo mismo al revés, me daba rabia, como que no lo entendía. ¿A quién se le ocurre que la Colmenares puede ser mala? A nadie.

Quería enamorarme… Mi vida casi que no existía. De ser así, ¿por qué no podía yo ser como Beba Vidal en “Rolando Rivas taxista”? Rubia y desfachatada. ¿Por qué mi destino no podía escribirlo Migré?

Empecé por un cachetazo a un quiosquero y me engolosiné. Luisa Kuliok era mi heroína. Esa mano como un látigo aventado contra el primer canalla. La misma palabra “canalla” como que me excitaba al paladearla. Así fue que perdí el horizonte: el médico que me pedía una placa, plaf, cachetazo. El colectivero no me saludaba, plaf, otro cachetazo.

Fue cayendo a mi mano ardiente cuanta persona me hablaba. Llegué a pegarle a una señora en la cola del banco. ¿Por qué? Me pregunto. Por canalla, le contesté.

No podía controlarlo. Tenía fervorosos deseos de golpear, de abofetear. Por un lado me daba cuenta que estaba mal y por otro me sentía completamente impune. Pensé que era por el accidente. Pero la medicina no avalaba mi hipótesis… era más bien como un trastorno. Sin la medicina de mi lado, yo lo viví como la satisfacción misma de un deseo.

Había caras que me gustaban más, gente más parecida a Arnaldo André que otra, como era lógico. Ojo, no era que yo distorsionara. Había un señor en el barrio, viejo ya, que paseaba todas las mañanas con un perro espantoso. Ese era igualito a Arnaldo y padecía su apariencia. Cada vez que lo cruzaba lo servía de lo lindo. Un día intentó levantarme la mano y de la furia que me dio le di con el puño cerrado. Eso era más de Montanari que de Kuliok. Calculo que el pobre hombre tenía que elegir entre que su perro feo le pillara adentro o que yo le rompiera la cara cada día. Y, claro está, optaba por el tortazo.

Ya era para mí una rutina. Lo esperaba en desavillé todos los días a las siete. Y la cita era segura. El doblaba la esquina antecedido por el animal, se armaba de coraje y me enfrentaba, como al destino. Su estoicismo me enamoró. Pero no podía parar de pegarle.

Con el correr de los días comenzamos a hablar. Una vez después de un sopapo me preguntó como me llamaba. Luisa, le inventé. Y se lo creyó. Al otro día yo le pregunté su nombre y para mi asombro, Arnaldo, me contestó. Creí desvanecer. Un extraño sopor me invadió el sentido. Creo que me desmayé. Cuando me desperté estaba en mi cama. En mi cama de antes y Arnaldo André me traía un té. Parecía un sueño. Pero aquel hombre al cual yo sólo le encontraba un extraño parecido, además de ser el galán, era mi marido. De ahí su estoicismo. De ahí su espíritu kamikaze.

Recordé todo de golpe, mi vida, la suya, la nuestra juntos. Y entendí claramente que ninguna mujer que se casé con Arnaldo André, puede dejar de sentir ese cosquilleo en la palma de la mano en ningún momento de su vida. Y me quedé más tranquila.

 

Encarnada Pasión. 

 

Por Encarnada Pasión
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Monday 18 may 2009 1 18 /05 /May /2009 15:46

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Buen blogging

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Por Encarnada Pasión
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